El estatuto de estudiante era el pariente pobre de la extranjería: ni trabajar apenas, ni un camino claro para quedarse. El Reglamento de 2024 le dio la vuelta — trabajo de hasta 30 horas semanales y un puente real hacia la residencia. Si estudias o planeas estudiar aquí, esto es lo que cambia tu partida.
Cubre estudios reglados — universidad, FP, formación superior — y su duración acompaña a la del programa. Requisitos de siempre: admisión en el centro, medios económicos suficientes, seguro de enfermedad y antecedentes limpios para estancias largas. La solicitud puede hacerse desde el país de origen (visado) o, en determinados supuestos, desde España.
El estudiante puede trabajar por cuenta ajena hasta 30 horas semanales — compatible con los estudios y sin necesidad de autorización de trabajo separada. Eso convierte la beca-y-ahorros en un plan financiable: media jornada larga que paga el alquiler mientras estudias. Para el empleador, la contratación es ordinaria — con el límite de horas como única especialidad.
Terminados los estudios, ya no hay que volver a empezar: el itinerario de modificación a residencia y trabajo se ha agilizado — sin las esperas de años del régimen antiguo — y existe además la vía de la autorización para búsqueda de empleo o emprendimiento tras finalizar. La estrategia correcta empieza antes de terminar: últimos meses de máster son meses de ofertas, prácticas que se convierten en contrato y papeles que conviene tener listos.
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