El autónomo es el gran usuario natural de esta ley — y paradójicamente el peor informado. Su caso es más complejo que el del particular: deuda mezclada (proveedores, bancos, Hacienda, Seguridad Social), avales personales firmados en los años buenos, y una actividad que quizá quiere continuar. Precisamente por eso el análisis profesional marca aquí más diferencia que en ningún otro perfil.
La ley cubre a cualquier persona física insolvente, incluido el empresario individual. Además, el autónomo tiene una particularidad valiosa: la vía del plan de pagos está pensada también para quien quiere continuar su actividad — permite conservar los bienes necesarios para trabajar (herramientas, vehículo profesional, equipamiento) mientras el resto del pasivo se exonera. Cerrar el negocio no es un requisito.
Primero: seguir refinanciando cuando la insolvencia ya es real. Cada microcrédito para "aguantar un mes más" agranda el pasivo y puede complicar el relato de buena fe. La ley obliga a solicitar el concurso en un plazo desde que se conoce la insolvencia: actuar tarde tiene coste.
Segundo: pagar solo a algunos acreedores. Pagar al proveedor amigo y dejar de pagar al banco meses antes del concurso puede considerarse un pago selectivo revisable. La igualdad de trato previa importa.
Tercero: la contabilidad desordenada. El empresario tiene deberes contables reforzados, y su incumplimiento grave puede comprometer el expediente. Ordenar papeles antes de presentar no es estética: es estrategia.
Matiz importante: si tu negocio era una sociedad, las deudas de la S.L. son de la S.L. — pero las que tú avalaste personalmente (pólizas, préstamos, alquileres) sí son deudas tuyas, y por tanto exonerables en tu procedimiento personal. Es el caso típico del administrador que avaló todo en su día: su segunda oportunidad personal es perfectamente viable aunque la sociedad haya quedado atrás.
Un estudio de viabilidad de autónomo analiza las cuatro capas — deuda privada, pública, avales y actividad — y responde a las dos preguntas que importan: cuánto se borra y si puedes seguir trabajando. Empieza por la guía general de la Ley de Segunda Oportunidad y por los requisitos.